Una última carta a mi Madre: El lazo eterno de nuestra familia
. Mamá, el corazón y el cimiento de nuestra vida Madre querida, cuántas batallas has librado por nosotros. Hoy, a mis 60 años, al mirar hacia atrás, comprendo con el alma que toda tu existencia fue un regalo entregado a mis pasos. Aquellas lágrimas que derramaste en secreto fueron el refugio más tierno, la almohada más suave que me sostuvo en este mundo incierto. Cargaste con todo el peso para que yo pudiera crecer bajo el sol de tu amor.
2. Cinco árboles florecidos por tus oraciones Madre, no solo nos diste la vida; plantaste cinco árboles en el jardín de nuestra historia. Aun cuando las tormentas rugían y la tierra se secaba, tu cuidado fue nuestra muralla.
El primer árbol es nuestro sostén, quien enfrentó el destino a tu lado y hoy es nuestra fuerza.
El segundo árbol es tu orgullo, un alma noble que honra tu nombre.
El tercer árbol es mi hermana, mi alma gemela, con quien comparto tanto el peso como la luz de los días.
El cuarto árbol fue tu joya más pura, la luz que siempre iluminó tu mirada.
El quinto árbol es nuestro tesoro menor, el fruto más brillante y talentoso de tu amor infinito.
3. El descanso eterno en los brazos del Señor Estos cinco árboles son el fruto vivo de tu fe inquebrantable y de tus oraciones constantes. Mamá, es hora de soltar la carga de la jornada y descansar en la paz profunda de los brazos del Señor. Tu amor no se desvanece; sigue siendo la savia que da vida a este jardín que sembraste con tanto sacrificio.
Madre, que tu descanso sea tan hermoso como tu corazón. Ya te extraño profundamente y mi amor por ti no tiene fin.
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